Mi cajón de sastre en Internet

Khoana Zen

Enamorada del mar y la naturaleza Diseñadora gráfica y web Redactora, blogger y novelista Melómana, pseudocantante y bailarina fake Incansable conversadora y filósofa en prácticas

domingo, 28 de junio de 2020

Cigarras como banda sonora

Banco en un parque


La perfección, esa enfermedad terminal de mi productividad.


Comencé mi andadura en el mundo emprendedor gracias a que una Kho muy joven Khoana, hace ahora diez años, decidió abrir un blog y compartir parte de ella con el mundo y, sin embargo, me encuentro ahora muchas veces añorando tener la soltura que aquella niña tenía para expresarse en el recién descubierto mundo digital.

¿Qué es lo que me frena? ¿El perfeccionismo? ¿y qué Antes escribía para mí, pero según fui avanzando comencé a escribir para deleitar a otros y eso desembarcó en mi perdición. Dejé de escribir y dejé de contar historias porque sentía que, escribiera lo que escribiera, no era tan buena y no tenía tanta calidad.

Hoy, haciendo una de las cosas que más me gusta hacer, que es caminar, he dejado de lado el maldito móvil y he reflexionado sobre varias cosas mientras observaba fachadas... ¡y aquí estoy!

Me he dado cuenta de que me paso veinticuatro horas frente a una pantalla (sobre todo por trabajo) y que eso hace que, cuando quiera escribir algo más sentido, algo que salga de dentro, me dé de bruces con una especie de síndrome de la página en blanco, lo que conforma el 60% de mi problema cuando quiero volver a escribir en el blog; un problema que se complementa con la nomofobia y la falta de tiempo para mí misma, la pereza y la mala costumbre que he adquirido de postergarlo todo.

¿La solución? Aún no la tengo, pero sí se me ha ocurrido probar algo (y visto lo visto, parece que está funcionando ahora mismo): he bajado al parque más cercano con una libreta y un portaminas, me he sentado en un banco y ahora me encuentro escribiendo este mismo texto mientras unos jóvenes juegan al baloncesto en una cancha cercana, un grupo de amigos toma el sol en el césped riendo y charlando, dos hombres ancianos me observan con curiosidad sentados en un banco situado frente a mí y algunos pájaros y otras tantas cigarras componen el 80% de la banda sonora del momento.

La sombra del que el árbol que tengo a la espalda proyecta sobre mí y sobre el banco en el que estoy (el de la imagen de cabecera del post) no me libera del calor de un domingo de finales de junio, pero por primera vez en mucho tiempo estoy inspirada, escribiendo para un blog que continuamente me digo que quiero recuperar, lejos del móvil y sintiéndome en completa paz.

¿Cómo de curioso resulta que, cuanto más reducimos la lista de cosas que se supone que han de llenarnos, más plenos nos sintamos?



PD. ¿Recuerdas el #ESO2019? Al comenzar el evento, se repartió una mochilita a cada asistente con algunas piezas de merchandaising. Una de esas cositas era una libreta de SinOficina; la misma que utilizaste para escribir tu primer post sobre un soporte no digital.

No sabía muy bien cómo redactar este breve extracto sobre mí sin convertirlo en una enumeración absurda de datos separados por elegantes signos de punto y coma, así que por lo pronto te diré que navego libre y "vuelo como el viento, Perdigón", soy el alma de cualquier fiesta porque soy una fiesta en mí misma, siempre tengo la mente en las nubes y pienso que "los animales son amigos, no comida".

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