Mi cajón de sastre en Internet

Khoana Zen

Enamorada del mar y la naturaleza Diseñadora gráfica y web Redactora, blogger y novelista Melómana, pseudocantante y bailarina fake Incansable conversadora y filósofa en prácticas

lunes, 16 de diciembre de 2019

#ESO2019

ESO2019



Aprendí que la felicidad son momentos y que nunca llegarás al sitio adecuado si no te mueves.


Comienza otra semana en mi vida, pero no es una semana más. Este lunes comienza con mil recuerdos, una felicidad infinita, el cansancio clavado en los huesos, unas ojeras que me llegan hasta los pies, una foto borrosa en la que (como siempre) salgo mal y sin corazón. Sin corazón porque este evento me lo ha robado.

Esta es la primera vez que veo un evento desde la parte de atrás, y la compañía no podría haber sido mejor: tanto María como Bosco son dos personas increíbles en todos los sentidos, y si ya me hizo ilusión que quisieran contar conmigo para esto, ver en primera persona el esfuerzo y el cariño que ponían en cada más mínimo detalle y cómo se trataban entre ellos y a los demás me enamoró del todo. Creo firmemente que si alguien se merece estar viviendo esto son ellos.

Tengo que dar las gracias a mucha gente: los que jamás leerán este post, como Roberto, camarero de Deliquio, que hizo que la cena del viernes fuese un poquito mejor para todos, o Adrián y Silvia (los chicos que me ayudaron con las acreditaciones al comenzar el evento), y también a todos y cada uno de los asistentes (sinoficiners y no-sinoficiners), porque a pesar de que Corti, María, Bosco, Beatriz (recepcionista de Talent Garden) y yo pusimos todas nuestras energías en que el ESO2019 fuese lo mejor posible, sin el ambiente que había, no hubiera sido posible que fuese ni la mitad de lo que fue.

Cuando a las 10:30 María me dijo que llevaba media hora llamando al catering (que tenía que haber aparecido a las 10:00) y que no sabía si habría café para las 11:00 (hora del desayuno) cuando los asistentes llevaban preguntando por esa mágica bebida desde que habían llegado, mi corazón y mis neuronas empezaron a ir a mil por hora. María bajó a hacer llamadas y hacer todo lo posible porque llegasen a tiempo. Miré a Bosco a través del cristal que separaba la sala de ponencias del salón y le vi con una tranquilidad muy inocente y fui a cortar los bizcochos mientras intentaba plantearme alguna solución para hacer tiempo o pensar cómo podría tragarnos la tierra sin que se notase mucho. Lo recuerdo como una media hora muy loca: todo el equipo moviendo cosas intentando mantener la calma, la cara de "socorro, que alguien me ayude" de Bosco, la seguridad que me transmitió Corti... y finalmente, la comunicación de que no habría café.

La reacción de los asistentes, que al principio pensaron que era una broma, fue espectacular, y de verdad creo que no hay mejor ejemplo de que el evento fue así porque ellos fueron así: nadie se quejó, nadie pareció molesto. Al contrario: un par de bromas sin mala intención y mucha gente tranquilizando al equipo porque "estas cosas pasan y se escapaba a nuestro control". La comprensión fue brutal y creo que en ese sentido, no he visto ninguna comunidad tan sana y que derroche tanta aceptación. En este caso, principalmente James y Viviana (que fueron los primeros que me pararon y estuvieron conmigo unos minutos hasta que me desestresé un poquito) y Chema (que estaba preocupado y nos ofreció su ayuda) fueron de mucha ayuda.

El resto del evento fluyó sin ningún problema y todo fueron buenas palabras, apoyo, cariño y felicidad. No pude pararme mucho tiempo con nadie porque quería dedicar unos minutos a todos, pero hubiera estado una tarde entera con cada uno. El juego fue un éxito para la gran mayoría (menos para algún inconformista que hay por ahí suelto... ¡y sí, sé que me lees!), y aunque espero que la planta 9 gane porque obviamente se lo merece y es el mejor equipo, unió a mucha gente, nos regaló un buen rato y nos hizo descubrir que los padres de Bosco están hechos unos chavales.

Podría hablar de las ponencias, pero aunque me llegó un feedback muy positivo, me las perdí porque aún no he aprendido a dividirme (aún), así que hablaré de algo que sí viví: de lo bonito que fue ver cómo todos nos desvirtualizábamos y conocíamos a personas nuevas que encajan con nosotros... y también lo increíble de volver a ver a personas que han dejado de ser compañeros de SinOficina para convertirse en amigos y familia: Gemma y Sara, con las que empecé como mastermind, Laura, a la que conocí en una sala de Appear en la que trabajamos mientras nos vemos las caras (y que algunos raros llamamos deepwork), Ezequiel, Alberto y Carlos (sin los que ya no sabría vivir), Bohdan (que sigue en el intento de aprender a convivir conmigo cada vez que hay un evento), Ángel (que funnelizó mi amistad cual Horse Luís funneliza adeptos a kiwosan.com)... y si me pusiera a nombrar a todas esas personas que ahora forman parte de mi vida gracias a este proyecto jamás terminaría... así que voy a ir terminando a pesar de que me dejo a mucha gente en el tintero.

Sin oficina no solo soy más libre, sino que encontré el camino para llegar a donde quería estar y a las personas que quería que me acompañasen en ese recorrido. Gracias por todo, y sobre todo, por tanto.

No sabía muy bien cómo redactar este breve extracto sobre mí sin convertirlo en una enumeración absurda de datos separados por elegantes signos de punto y coma, así que por lo pronto te diré que navego libre y "vuelo como el viento, Perdigón", soy el alma de cualquier fiesta porque soy una fiesta en mí misma, siempre tengo la mente en las nubes y pienso que "los animales son amigos, no comida".

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