Mi cajón de sastre en Internet

Khoana Zen

Enamorada del mar y la naturaleza Diseñadora gráfica y web Redactora, blogger y novelista Melómana, pseudocantante y bailarina fake Incansable conversadora y filósofa en prácticas

martes, 5 de septiembre de 2017

No puedes salvar el mundo


Empezar un post así se hace muy complicado, sobre todo cuando quieres convertirlo en el artículo de referencia al que enviar a la gente cuando aparece este tema, pero voy a intentarlo.

Hace años que dejé atrás mi adolescencia, y aunque a veces sigo teniendo comportamientos infantiles o socialmente considerados como "inmaduros", hay ciertos rasgos característicos que he abandonado por completo, y la necesidad de salvar el mundo es uno de ellos. Veamos: con dieciséis años, aunque muy buena chica, era una persona tremendamente reivindicativa y radical con mis ideales, tenía la necesidad de abanderarme con ellos e imponérselos al resto del mundo, de mostrarlos sonriendo orgullosa, totalmente convencida de que tenía la verdad absoluta de todo. Supongo que es algo completamente normal en esta etapa de la vida, pero quizás yo tendía a hacerlo más evidente que mucha de la gente que me rodeaba, que expresaba sus síntomas pubescentes de muchas otras maneras.

Esa manía que me caracterizaba de grabarme en la frente lo que pensaba sobre absolutamente todo hacía que también tuviera que meterme en todas las "batallas" y que pusiera el grito en el cielo cada vez que oía el más mínimo comentario racista, especista, machista, homófobo, etcétera porque me sentía con la responsabilidad de "educar", por decirlo de alguna forma, a quien pensaba de forma errónea. ¿Qué pasaba entonces?: que tratar de discutir o debatir con estas personas no hacía más que reafirmarlas en su opinión porque sentían que estaban siendo atacadas. Eso derivaba en una pérdida de tiempo que solamente desencadenaba una sensación de frustración, cabreo (conmigo misma por no haber sido capaz de "abrirles los ojos" y con el mundo por no querer abrirlos) y estrés. Y es que esto, inevitablemente, es lo que pasa cuando intentas encargarte de salvar lo insalvable.

Salvar el mundo no depende de ti; hay cosas (y personas) que no se pueden cambiar, te guste o no, y cuanto antes aprendas a vivir con ello, mejor, porque meterse en este tipo de guerras solo puede hacer que acabes mal. Si una persona está defendiendo su opinión es porque está convencida de que las cosas son así ¿por qué si no iba a hacerlo?, de forma que puedes exponerle tu manera de ver las cosas sin tratar de imponérselas y si tienes suerte (cosa que no suele suceder, es importante que tengas esto en cuenta), esa persona puede que hasta llegue a darte la razón. Sin embargo, creer que eres un "salvador" con la responsabilidad de inculcar la "verdad" (TU verdad, porque de hecho, puede que ni siquiera estés en lo cierto) a los demás solo te hará infeliz. Salvar el mundo NO es tu responsabilidad, hazte a la idea y podrás empezar a vivir en paz contigo mismo porque no te cargarás con pesos que no te pertenecen ni te sentirás fracasado por no tener éxito en una misión que nada tiene que ver contigo (aunque lo creas).


Conclusión: sí, puedes tener unos ideales (de hecho, lo normal y lo correcto es que los tengas), pero no es necesario que los defiendas a capa y espada, basta con que vivas acorde con ellos y luches por lo que crees correcto sin necesidad de enfrentarte a nadie. Cuando tengas que comunicarlos, hazlo de una forma tranquila y respetuosa (incluso aunque pienses que la opinión de la otra persona no merezca respeto, porque como hemos dicho, eso no va a cambiar, y la única posibilidad de que lo haga es que no se sienta atacado por lo que piensa), y sobre todo, debes saber siempre a quién, cómo y cuándo se lo comunicas. Si haces esto, te prometo que vivirás mucho más feliz, como lo hago yo ahora mismo.

No sabía muy bien cómo redactar este breve extracto sobre mí sin convertirlo en una enumeración absurda de datos separados por elegantes signos de punto y coma, así que por lo pronto te diré que navego libre y "vuelo como el viento, Perdigón", soy el alma de cualquier fiesta porque soy una fiesta en mí misma, siempre tengo la mente en las nubes y pienso que "los animales son amigos, no comida".

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